Traducción del artículo: Austrian banks and FX lending: tip-toeing authorities and households as carry traders (part 1) por Sigrún Davíðsdóttir. Traducido por Roberto Luna.

Austria fue uno de los once países fundadores de la zona euro en enero de 1999. Sin embargo, los austríacos nunca han predicado con el ejemplo: es el único país de la zona euro en el que las familias se lanzaron desaforadamente a contratar préstamos en moneda extranjera. Alrededor de tres cuartas partes de estos préstamos están vinculados a estructuras de reembolso. Lamentablemente, las autoridades austriacas sabían desde hacía más de un decenio que las estructuras de reembolso suponen un riesgo añadido a los préstamos en divisas, ya muy arriesgados de por sí. Así pues, la hora de la verdad para las hipotecas multidivisa austríacas tendrá lugar a partir del 2019, momento en el que vencerá el 80% de estos préstamos. Esta es la historia de cómo las autoridades, que conocían muy bien los riesgos existentes, permitieron que los bancos convirtieran a miles de familias en especuladores.

Los préstamos en moneda extranjera “(…) no son adecuados para su comercialización masiva”. Esta fue la conclusión que ya había sacado en 2008 la Autoridad del Mercado Financiero de Austria, la FMA, en relación con las hipotecas multidivisa otorgadas a familias austriacas; sin embargo, no lo expresó de forma tan clara hasta el año 2013. Mucho antes de que la deuda pendiente por estos préstamos de alto riesgo se disparara en un 10-15% como consecuencia de la devaluación suiza frente al euro en enero de 2015, los riesgos ya eran evidentes para las autoridades austríacas.

A partir de 1995, los bancos austríacos convirtieron las hipotecas multidivisa, un producto financiero exclusivamente destinado a inversiones especializadas, en un producto común y corriente para el mercado masivo. A diferencia de otros países fundadores del euro, la moneda única no hizo caer la popularidad de los préstamos en divisas, sobre todo en francos suizos (CHF). Los bancos austriacos se expandieron en los mercados vecinos emergentes y también allí ofrecieron el producto. Así, los bancos austriacos convirtieron tanto a las familias de su país como a las del extranjero en especuladores.

La FMA y, más tarde, también el Banco Central de Austria (ÖNB) advirtieron desde muy pronto, si bien con palabras amables y máxima delicadeza, de este rápido crecimiento de los préstamos multidivisa sin cobertura entre las familias. Las advertencias fueron ignoradas: los bancos recibían suculentas comisiones y la concesión de este tipo de préstamos siguió aumentando hasta alcanzar el máximo (sobre una base no ajustada) en 2010. No en 2008, momento en que la FMA, según afirma, prohibió los préstamos multidivisa.

Los préstamos multidivisa en Austria fueron disminuyendo: en 2008, 270.000 familias tenían préstamos multidivisa, en marzo de 2015, 150.000. En febrero de 2015 el importe los préstamos en divisas de las familias alcanzó los 26.000 millones de euros, casi el 18% del importe de los préstamos otorgados a familias. Con un plazo de vencimiento de 10 a 25 años, constituyen una herencia problemática.

Además, tres cuartas partes de estos préstamos (cerca de 19.500 millones de euros) están vinculados a una estructura de reembolso que se vende como un seguro para pagar los préstamos a su vencimiento. Irónicamente, ahora corren el riesgo de ir en su contra: según la FMA, el déficit de estos instrumentos a finales de 2012 (último dato disponible) alcanzó los 5.300 millones de euros. La FMA aprobó en 2013 una nueva normativa para disminuir este riesgo, pero sus efectos no se verán hasta el momento de vencimiento de la mayoría de los préstamos multidivisa: el 80% de ellos lo hará a partir de 2019.

Además del doble riesgo de los préstamos en divisas comercializados en Austria y de las estructuras de reembolso vinculadas, hay que añadir los préstamos en divisas emitidos por bancos austríacos de tamaño pequeño y mediano en Europa Central y Sudoriental (cuestión que se abordará en el próximo artículo de esta serie). Todo este riesgo está sujeto al impacto de diversos eventos, tal y como subrayó el FMI en enero de 2014: “La volatilidad del tipo de cambio (por ejemplo, del CHF) o la caída de los precios de los activos asociados a los préstamos con estructura de reembolso (RPVs) podría aumentar el riesgo de crédito debido a la herencia de las hipotecas multidivisa colocadas por los bancos a las familias austriacas”.

En consecuencia, según lo declarado por el ÖNB en abril de este año, siete años después de la crisis de 2008, los préstamos multidivisa “siguen constituyendo un riesgo para las familias y para la estabilidad del sistema financiero austríaco”; un riesgo muy evidente dado que Austria se convirtió en uno de los países fundadores del euro en 1999. Aún quedan retos importantes por delante para los bancos austriacos. Los préstamos en mora están aumentando (los bancos austriacos están por encima de la media europea), en gran medida debido a las operaciones de los bancos austriacos en Europa central, oriental y sudoriental.

Si a todo esto añadimos los escándalos del Hypo Alpe Adria y las garantías de Corinthia, podemos decir que en las montañas austriacas no se oye el sonido de la música, sino el lamento por preocupaciones bien fundadas, debidas en gran medida al hecho de que las autoridades austriacas no reaccionaron ante sus primeros temores, sino que permitieron que los bancos siguieran adelante con su arriesgado proyecto de convertir a las familias en especuladores. Otro ejemplo de que una regulación blanda redunda en beneficio de los bancos, pero no de la sociedad.

Timidez frente a un sector bancario (y de seguros) fuerte y poderoso

Hay más de 800 bancos en Austria, pero los tres más grandes (Erste, Raiffaisen y UniCredit Bank Austria) “representan casi la mitad de los activos bancarios totales”, según el FMI, que en 2013 señaló que el sistema financiero, “dominado por una gran sector bancario”, se enfrentaba a” desafíos estructurales importantes, especialmente los bancos más pequeños”.

Seis bancos austriacos, tres de los cuales forman parte de Raiffeisenbanks en diferentes partes de Austria, fueron incluidos en los exámenes de calidad de activos (Asset Quality Review) del BCE en octubre de 2014. Como era de esperar, el Österreichische Volksbank, parcialmente nacionalizado, no pasó el corte, pero los demás sí. Sin embargo, los bancos austriacos requieren un préstamo adicional para provisionar 3.000 millones de euros.

El tamaño del sector bancario en relación con el PIB ha ido en aumento, llegando al 350% a mediados de 2014. La expansión de pequeños bancos austriacos en Europa central, oriental y sureste, cuyas operaciones sin cobertura alcanzan tasas elevadas de morosidad, constituye un motivo grave de preocupación. Como también lo es la baja rentabilidad del sector, que supone un riesgo estructural a largo plazo al tratarse de un mercado interno dominado por unos pocos grandes bancos altamente expuestos a Europa central, oriental y sudoriental.

En teoría, únicamente los prestatarios sin cobertura asumen el riesgo de los préstamos en divisas, pero en la práctiva el riesgo se puede trasladar finalmente a los bancos si los préstamos alcanzan tasas masivas de morosidad, lo que hace que estos préstamos tengan una gran relevancia en relación con la estabilidad financiera, tal y como el FMI ha estado advirtiendo durante años.

Curiosamente, ya en 2013 el FMI señaló que Austria necesitaba aplicar un programa especial de resolución bancaria y que no debía esperar a la adopción formal de la directiva de la UE sobre la recuperación y resolución bancaria. También debía anticiparse a la entrada en vigor de la directiva sobre el Sistema de Garantía de Depósitos y de los Principios Básicos para un plan eficaz de seguros sobre depósitos del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (Basel Committee on Banking Supervision [BCBS] Core Principles for Effective Deposit Insurance Schemes) como estándares mínimos. Sin embargo, los avances en esta dirección han sido escasos.

Préstamos multidivisa austriacos: un producto especializado convertido en una hipoteca para el cliente corriente.

A mediados de 1990 las familias austriacas empezaron a interesarse por los préstamos en divisas, ignorantes de que se estaban convirtiendo en especuladores, pero sin la sofisticación y los conocimientos necesarios. La tendencia comenzó en la década de 1980, en Vorarlberg, el Estado federado en Austria occidental, donde muchos pasaban de viaje por trabajo a la vecina Suiza y Liechtenstein.

A finales de la década de 1980 el 5% de los préstamos a familias en Vorarlberg estaban en divisas, en comparación con la media austríaca de 0,2%. A partir de 1995 se produjo un verdadero boom en Austria por los préstamos en divisas. Los prestatarios elegían el CHF, y en menor medida, el yen japonés o el chelín austriaco. Esta tendencia se hizo más fuerte cuando los diferenciales de tipos de interés entre estas monedas y el chelín se ampliaron.

Es muy llamativo que la introducción del euro el 1 de enero 1999 no consiguiera frenar la oleada: los austriacos mantuvieron su fe en la moneda de sus vecinos suizos. A finales de 1995 los préstamos en divisas contratados por particulares ascendieron al 1,5% del total de préstamos; en 2000 esta cifra había aumentado al 20%. La popularidad de los préstamos en divisas era clara: el 82% de los préstamos a familias que se comercializaron en diciembre de 2000 fueron multidivisa. A pesar de que el CHF se había apreciado por encima del 6% en 2000, la popularidad de estos préstamos no se vio afectada. La máquina expendedora de hipotecas y préstamos multidivisa estaba muy bien engrasada.

La deuda de las familias en Austria era bastante baja (Austria está en la zona media-baja de los países en cuanto a la relación deuda-capital), por lo que el ÖNB se pronunció con moderación acerca de estos cambios. No obstante, ya en su primer Informe de Estabilidad Financiera, publicado en 2001, subrayó el riesgo de los préstamos y del endeudamiento en divisas para las familias.

La venta de hipotecas y préstamos multidivisa a los hogares austriacos siguió aumentando. En 2004, el 12% de los hogares tenía una hipoteca multidivisa. La tendencia llegó a su punto álgido en 2006, después de lo cual la demanda cayó. A finales de 2007 los préstamos en divisas ascendieron a 32.000 millones de euros, es decir, casi el 30% del volumen de los préstamos suscritos. Aquí es interesante tener en cuenta que, con la excepción de unos pocos meses, las tasas de crecimiento interanual de los préstamos a los hogares con hipoteca multidivisa siempre superaron el crecimiento de los préstamos a los hogares en la moneda nacional hasta finales de 2006.

Los préstamos multidivisa en Austria están disminuyendo: en 2008, 270.000 hogares tenían préstamos en divisas y en marzo de 2015 la cifra era de 150.000; pero la magnitud del problema no es en absoluto trivial: en diciembre de 2014 “el 18,9% del volumen total de préstamos concedidos a los hogares austríacos seguía denominado en moneda extranjera; en febrero de 2015 los préstamos multidivisa ascendían a 26.000 millones de euros.”

También hay indicios de que las familias tendieron a endeudarse más puesto que los préstamos en divisas parecían más baratos que los préstamos en euros. La ÖBN ha señalado que el crecimiento del endeudamiento de los hogares en 2003 a 2004 “puede ser en gran parte atribuible a los préstamos en moneda extranjera”. Como he mencionado en un artículo anterior, el hecho de que los préstamos en divisas parezcan más baratos que los préstamos en la moneda nacional hace que los primeros tengan las mismas características de los préstamos de alto riesgo puesto que llevan a las familias con menos recursos a interesarse por ellos, alimentando aún más el peligro de este tipo de hipoteca.

Este auge de los préstamos en divisas no tiene tanto que ver con el gusto de los prestatarios por el carry-trade como con el hecho de que los productos financieros, que antes sólo se ofrecían para inversiones profesionales, se habían convertido en un producto común y corriente, tal y como señaló el ÖBN ominosamente en su primer Informe sobre Estabilidad Financiera en 2001.

¿Por qué sólo Austria se convirtió en una nación de especuladores?

En ninguna parte de Europa se hicieron tan populares los préstamos en divisas como en Austria, tal y como señaló el ÖBN en su primer Informe de Estabilidad Financiera en 2001. En el momento de introducción del euro, los préstamos en divisas eran populares en varios países europeos. En torno al 2000 Austria se destacó, como ocurrió asimismo en Alemania, donde los préstamos en divisas se emitían al mismo ritmo que en Austria. Pero sólo en Austria continuó la tendencia.

La pregunta es por qué los hogares austríacos prefirieron los préstamos en divisas a los préstamos en euros.

Un estudio contenido en el Informe de Estabilidad Financiera de diciembre de 2008 esbozó un perfil de los prestatarios austriacos, basado en una encuesta sobre la riqueza en el país realizada en 2004 entre 2.556 hogares. El resultado sugiere que “(…) las personas con altos ingresos amantes del riesgo y los matrimonios tienen más probabilidades de suscribir un préstamo hipotecario en una moneda extranjera que otros hogares. Los préstamos hipotecarios son, por otra parte, más frecuentes en hogares de altos ingresos. Estos datos pueden mitigar parcialmente las preocupaciones políticas sobre el riesgo de incumplimiento de los hogares en los préstamos hipotecarios en moneda extranjera”. Este perfil sólo dice que era más probable elegir préstamos en divisas que préstamos en euros; no sabemos por qué este grupo en Austria difiere de los mismos grupos sociales en otros países de la zona euro.

Como he explicado anteriormente, los préstamos en divisas se dan a menudo en los mercados emergentes, como Europa central y sudoriental, donde los bancos austríacos han promovido ellos mismos estas hipotecas, o en Asia en los años 1980 y 1990. Las hipotecas multidivisa tienden a ganar terreno en los mercados recientemente liberalizados, como en Australia en la década de 1980. Y, por otra parte, está el caso de Islandia, donde los bancos, totalmente privatizados en 2003, se expandieron y aumentaron la obtención de préstamos en el exterior, cubriéndose ellos mismos mediante la emisión de préstamos multidivisa dirigidos a familias islandesas.

Los préstamos multidivisa son a menudo una señal de inestabilidad: la gente trata de evitar una moneda nacional voluble, la aparición de malas políticas o la presencia de políticos débiles. Además, el tipo de interés es más bajo, lo que puede resultar tentador. Si se ignora, claro está, el hecho de que las monedas rara vez tienen un período de estabilidad de más de unos años, lo que provoca que las hipotecas en divisas, préstamos que normalmente tienen una duración de diez, veinte o treinta años, resulten muy arriesgados.

Nada de lo anterior es aplicable específicamente a Austria en mayor medida que a otras economías europeas maduras.

Siempre que los préstamos en divisas se convierten en un problema, los bancos culpan a los prestatarios de haber demandado estos productos de alto riesgo. Si esto fuera así, sólo pudo ocurrir porque los bancos no cumplieron con su deber de informar plenamente a los clientes de los riesgos inherentes al préstamo. Así lo resumió un banquero australiano, que explicaba las lecciones aprendidas tras los excesos cometidos en la comercialización de los préstamos multidivisa en Australia durante la década de 1980: “…nadie en su sano juicio, si hubiera hecho un análisis adecuado de lo que podría suceder, lo habría contratado (un préstamo en divisas)”.

Según el Informe de Estabilidad Financiera del ÖNB de diciembre de 2008, los bancos se defendieron diciendo que había tanta demanda de préstamos multidivisa que para ser competitivos tenían que ofrecerlos. Pero Peter Kolba, de la Asociación de Consumidores de Austria (Verein für Konsumentinformation, VKI), no está de acuerdo con la afirmación de que fueron los clientes los que pidieron estos préstamos: en un vídeo informativo se muestra cómo eran los bancos los que los promocionaban, llevándose cuantiosas comisiones por colocar estos préstamos.

De hecho, resulta interesante el hecho que desde 1995 hasta 2000 los bancos austríacos experimentaran un incremento constatable del 75% en comisiones, parte del cual la ÖNB lo atribuye al aumento de los préstamos multidivisa. Para los bancos, el aumento de los beneficios por los préstamos multidivisa contenía un caramelo adicional: “los riesgos de tipo de interés y de tipo de cambio son sufragados en gran parte por los prestatarios. Sin embargo, el riesgo de impago de los deudores ha aumentado el riesgo potencial de este tipo de operaciones”. A pesar de todo, la posibilidad de un impago expuso a los bancos a un riesgo de divisas cada vez mayor.

La gran popularidad de los préstamos multidivisa austriacos parece haberse sustentado en gran medida en un factor en concreto: los préstamos se vendieron principalmente por mediación agentes, quienes recibían comisiones directas por cada préstamo, lo cual los desincentivaba para ser leales al cliente e informarle del riesgo. Además, los mismos agentes vendían a menudo los seguros de pago, recibiendo así una doble comisión por el mismo cliente.

Como resume el portavoz del ÖNB, Christian Gutlederer (en un correo electrónico dirigido a mí), había debilidades estructurales específicas de Austria: “Es de suponer que la conjunción de tres factores (la función de los proveedores de servicios financieros, la amplia cobertura de los medios de comunicación y el efecto social de imitación entre los consumidores) constituya la explicación más plausible para la popularidad de este tipo de productos en Austria. Los incentivos fiscales previstos son un aliciente más: los pagos de primas de seguros de vida (el modo más importante de estructura de reembolso) y, en algunos casos, los pagos de intereses de las hipotecas se pueden deducir de la base imponible”.

Todo lo anterior provocó una oleada de préstamos multidivisa en Austria, a diferencia de otros países del euro. Además, conviene tener en cuenta el hecho de que las autoridades se comportaron con timidez frente al comportamiento arriesgado de los bancos: la lección para los políticos es la necesidad de actuar con decisión cuando albergan temores.

Lecciones sobre préstamos multidivisa nacionales: “No son adecuados como producto de masas”

Al ser tan conscientes del riesgo derivado de los préstamos multidivisa, tanto el ÖNB como la FMA han tomado diversas medidas en los últimos años para mitigarlo, aunque tímidamente durante los primeros años.

Ya en 2003 la FMA emitió un conjunto normas denominadas “Estándares Mínimos” relativas a los préstamos multidivisa a hogares, pero esto apenas logró frenar el incremento de su comercialización entre las familias. En 2006, el ÖNB y la FMA publicaron conjuntamente un folleto dirigido a quienes estaban considerando la posibilidad de suscribir un préstamo en divisas, en el cual se incluía una advertencia sobre los riesgos inherentes. En ese momento las empresas tenían menos interés en contratar préstamos en divisas: sea por el folleto o por algún otro motivo, lo cierto es que hubo una disminución de este tipo de préstamos en 2006, si bien únicamente fue temporal.

Andreas Ittner, director general de Entidades Financieras y Mercados de la ÖBN, se mostraba preocupado en esa época por el hecho de que los “prestatarios privados, en particular, no eran conscientes de todos los riesgos y consecuencias”. El Director Ejecutivo de la FMA, Kurt Pribil, encontraba especialmente preocupante que “la gente parecía no darse cuenta de todos los riesgos inherentes y de las implicaciones que esto podría tener, especialmente si se tiene en cuenta la duración de la financiación”.
Ambos funcionarios hicieron hincapié en que las restricciones aplicadas en el año 2003 estaban funcionando, pero esto se contradecía con el aumento de los préstamos en divisas a los hogares. Había, no obstante, una clara inquietud en relación con esta cuestión: “Al fin y al cabo, cualquier préstamo en moneda extranjera no es sino especulación monetaria”.

El 10 de octubre de 2008, en momentos especialmente turbulentos en los mercados financieros, la FMA “recomienda encarecidamente” que los bancos dejen de emitir préstamos en divisas a los hogares. Desde entonces, la FMA ha reiterado que los préstamos en divisas quedaron “prohibidos” en 2008, pero no se utilizó esta palabra en ese momento. Curiosamente, no hay ningún comunicado de prensa en el archivo web del ÖBN posterior a dicha fecha relacionado con las restricciones aplicadas en el mes de octubre. En su Informe Anual de 2014 se dice que en otoño de 2008 se tomaron medidas de “prohibición de facto” de la emisión de nuevos préstamos multidivisa a los hogares.

Según declaró el FMI en 2013, entre las medidas “introducidas a finales de 2008 para mejorar la vigilancia y mitigar los riesgos de liquidez de los créditos financieros, cuyo objetivo era alentar a los bancos a diversificar las fuentes de financiación por mediación de entidades de contrapartida y mediante instrumentos de cobertura de créditos financieros y a prolongar los plazos de amortización de los créditos financieros” no se hallaba prohibición alguna, ni tan siquiera una “prohibición de facto”.

En 2010 se revisaron los “Estándares Mínimos” de la FMA de 2003 para los préstamos en divisas. Para entonces, la FMA y el ÖNB llevaban más de un decenio advirtiendo acerca de estos préstamos. A pesar de las medidas de “no prohibición” de 2008, no fue hasta 2010 cuando los bancos austriacos “se comprometieron a detener la concesión de préstamos en moneda extranjera asociados a altos niveles de riesgo, de acuerdo con la guía de supervisión proporcionada a este efecto (“principios rectores”).” En enero de 2013, la FMA revisó de nuevo los “Estándares Mínimos” teniendo en cuenta también las recomendaciones de la Junta Europea de Riesgo Sistémico, (European Systemic Risk Board – ESRB).

Todas estas advertencias se mencionaban de puntillas y con delicadeza en el discurso del Banco Central y del Regulador. Pero no cabe duda de que detrás de estas declaraciones de Delfos subyacía una preocupación real. Durante todo este tiempo las autoridades austríacas han subrayado que estos “Estándares” no eran normas y regulaciones, sino más bien un consejo amable a los bancos de que actuasen de forma más sensata.

 

El FMI expresó durante años su preocupación usando un tono y un lenguaje mucho más rotundos que las autoridades austriacas. En enero de 2014 el FMI subrayó la posibilidad de un impacto múltiple: “la volatilidad del tipo de cambio (por ejemplo, del CHF) o la disminución de los precios de los activos asociados a los préstamos con estructuras de amortización (RPVs) podría aumentar el riesgo de crédito debido a la herencia de las hipotecas multidivisa concedidas por los bancos a hogares austríacos”.

No fue hasta 2013, cinco años después de que estallara la crisis y transcurrido largo tiempo desde 2000 (momento en que disparó la concesión de préstamos en divisas) y numerosas fluctuaciones monetarias más tarde, cuando la FMA finalmente expresó de forma clara su conclusión acerca de los bancos y de los titulares de préstamos en divisas: “los préstamos en moneda extranjera a los consumidores privados no son aptos como producto de masas (…)”.

Otro aspecto de los riesgos de los préstamos en divisas: a la volatilidad cambiaria se añaden otros factores

En su último resumen periódico sobre préstamos en divisas, publicado en diciembre de 2014, la FMA señaló que a raíz de las iniciativas para limitar el riesgo de los préstamos en divisas pendientes y lo que denominó en dicho resumen (como en todas partes) “la prohibición en 2008 de nuevos préstamos”, el volumen de los mismos ha disminuido progresivamente: la proporción de préstamos en divisas a particulares pendientes es del 19,1% en relación con la totalidad de préstamos pendientes a finales de septiembre de 2014; el 95% de estos préstamos están denominados en francos suizos y el resto principalmente en yenes japoneses.

Pero para ser preciso, cabe señalar que si bien el número de préstamos en divisas está disminuyendo, la naturaleza diabólica de los préstamos en divisas radica en que el principal se ve sujeto al azaroso tipo de cambio de la moneda a la que el préstamo está vinculado. Por ello, el número de préstamos otorgados puede haber disminuido (la FMA señala que los préstamos en divisas a particulares en Austria han descendido desde el otoño de 2008), pero dicha disminución se ha visto “compensada por la apreciación del franco suizo”. De acuerdo con los datos del ÖNB, este tipo de préstamos no alcanzó su nivel máximo hasta el año 2010 (véase el cuadro A11).

El techo fijado por el Banco Nacional de Suiza, SNB, a finales de verano de 2011 ayudó a estabilizar el tipo de cambio. Pero esta estabilidad terminó de manera espectacular en enero de este año.

Lo que añade aún más riesgo a los préstamos en divisas es que es fácil de imaginar una situación en la que los bancos y los prestatarios no se ven afectados por una sola onda de choque derivada de las fluctuaciones monetarias, sino por otros choques o impactos simultáneos, como una caída de los precios de los activos; de nuevo, algo que el ÖNB ya había subrayado hacía tiempo, en concreto en el informe de Estabilidad Financiera del Banco de abril de 2003.

Si varios prestatarios privados resultaran insolventes debido al aumento de los tipos de cambio, “la ejecución simultánea y completa de la garantía mencionada frenaría considerablemente el precio a alcanzar”. Por lo tanto, los bancos con un alto porcentaje de préstamos en moneda extranjera incurren en un riesgo de concentración, lo que puede poner en peligro la estabilidad financiera en la región si resulta necesario vender los activos en garantía. También supone un riesgo adicional el hecho de que los bancos con mayor proporción de préstamos en divisas eran bancos regionales de tamaño pequeño y mediano en el oeste de Austria; en algunos casos, hasta el 50% de los activos totales eran préstamos en divisas.

Vehículos de amortización = ninguna garantía, pero un riesgo aún mayor

El hecho de que la mayoría de los préstamos en divisas comercializados dentro de Austria estén vinculados a una estructura de reembolso se ha considerado a menudo una red de seguridad para los prestatarios de divisas y, en consecuencia, para los bancos. Sin embargo, esto constituye una falsa seguridad y tanto el ÖNB como la FMA (al igual que observadores extranjeros como el FMI) han comprendido este riesgo desde hace tiempo.

Con el fin de evaluar el riesgo, es necesario comprender la estructura de los préstamos en divisas. Casi el 80% de ellos son préstamos globales, es decir, el capital total se paga al vencimiento: los intereses, con un tipo referenciado al LIBOR de la moneda en cuestión y recalculado cada tres meses, se pagan mensualmente. Los préstamos en divisas normalmente se pueden cambiar a euros (o a otra moneda), pero con un coste; otro elemento que beneficia al banco es una cláusula de conversión forzada, que permite al banco convertir el préstamo a euros sin el consentimiento del prestatario.

El vehículo de reembolso es por lo general un contrato de seguro de vida o una inversión en fondos mutuos, pagado en cuotas mensuales. La mayoría de los que han formalizado un préstamo en divisas junto con uno de estos vehículos de reembolso lo ha hecho a través de un agente; claramente, un riesgo añadido, como se mencionó anteriormente.

En consecuencia, para los prestatarios existe un doble riesgo en el caso de un préstamo en divisas con una estructura de reembolso: en primer lugar, existe el riesgo de cambio propio del préstamo; en segundo lugar, existe el riesgo real de un déficit en la estructura de reembolso, claramente derivado de la volatilidad en el año 2008. Como se señala en el Informe de Estabilidad Financiera de la FMA de octubre de 2008, los vehículos de amortización, “además de otros riesgos, están expuestos al riesgo de cambio”.

Sin embargo, el ÖNB había sido consciente del riesgo de la estructura de reembolso mucho antes de 2008. Ya en su informe de Estabilidad Financiera de octubre de 2002 el riesgo se describía de forma muy clara: los vehículos de pago “por lo general no sirven para protegerse contra el tipo de cambio ni contra el riesgo de tipo de interés; más bien, añaden riesgo a todo el sistema de préstamo”.

Si la estructura de reembolso no funciona lo bastante bien como para cubrir el principal del préstamo en divisas, uno puede tratar de cambiar a otras inversiones, pero con un coste. “Si la rentabilidad de estos vehículos de amortización no se puede mantener al día con los supuestos utilizados en los cálculos del modelo del proveedor, el prestatario, que ya está expuesto a un tipo de cambio elevado y al riesgo de tipo de interés, se expone a un riesgo aún mayor”.

En resumen: existe al vencimiento un alto riesgo de que la inversión para la amortización no cubra el préstamo. Es decir, la supuesta red de seguridad tiene un agujero. En el entorno actual de bajos tipos de interés, evitar este agujero resulta harto complicado.

A raíz de una encuesta de 2011, ya se preveía un déficit creciente, según un comunicado de la FMA en marzo de 2012. En aquel momento, los préstamos en divisas con vehículo de amortización ascendían a 28.600 millones de euros. A finales de 2008, el déficit había sido de 4.500 millones de euros, equivalente al 14% del volumen total de préstamos. A finales de 2011, el déficit en la cobertura fue de unos 5.300 millones de euros, que representaban entonces el 18% de los préstamos pendientes de pago; el aumento entre 2011 y 2012 fue de 800 millones de euros, es decir, un incremento del déficit de un 22%.

En 2013 la FMA implantó una nueva normativa que obliga a las compañías de seguros a destinar provisiones de sus propios beneficios para cubrir la posibilidad de un incumplimiento de estos vehículos de pago. Sin embargo, el efecto de esta norma sólo se verá en el momento de vencimiento de los préstamos en divisas a los que dichos vehículos están vinculados: de hecho, el 80% de los mismos vencen en 2019 o posteriormente; un “riesgo de amortización muy significativo para para los bancos austriacos”, según afirmó la FMA en diciembre de 2014.

El ÖNB y la FMA están efectivamente prestando más atención a la interacción entre los préstamos en divisas y los vehículos de pago: ambas autoridades están llevando a cabo una encuesta durante el primer trimestre de 2015 para descubrir los riesgos planteados por estos dos elementos, los préstamos en divisas y los vehículos de pago. Con cierto cansancio, el ÖNB señala que ambas autoridades han estado advirtiendo en contra de estos préstamos durante más de diez años. Aunque los préstamos en divisas hayan disminuido, todavía “siguen constituyendo un riesgo para los hogares y para la estabilidad del sistema financiero austríaco”.

Futura acción de los consumidores austriacos

Tras la retirada del tope de cotización del franco suizo en enero, la Asociación Austríaca del Consumidor, VKI, ha tomado medidas para informar a los titulares de préstamos en divisas de sus opciones.

Los contratos de préstamo en divisas en Austria tienen normalmente una cláusula de “stop-loss” (tope de pérdidas), una protección aparente para el prestatario para limitar las pérdidas repentinas debido a la apreciación cambiaria. Lamentablemente, después de la retirada del tope de cotización en Suiza, muchos titulares de préstamos en divisas han descubierto que esta cláusula no limitó sus pérdidas. Estas cláusulas han sido la causa de muchas consultas realizadas a la VKI. La FMA, alegando que no puede actuar al respecto, ha recomendado a los prestatarios que lleven el asunto a la atención de los bancos, pero estableció como fecha límite el final de febrero de 2015; un plazo notablemente corto.

VKI también está aconsejando a los prestatarios de divisas que traten de negociar con los bancos en relación con el coste de convertir a euros sus préstamos en francos suizos o la pérdida sufrida por un préstamo de divisas en comparación con el mismo préstamo en euros, con el argumento de que estos costes no deben ser asumidos únicamente por los prestatarios, sino que se deben compartir con el banco.

Como en otros lugares, los bancos austriacos han cobrado comisiones de administración de los préstamos en divisas, por lo general entre el 1% y el 2%, como si se hubiera incurrido en gastos por entrar en el mercado para comprar francos suizos. Sin embargo, como en todas partes, los préstamos austriacos están indexados al franco, no son préstamos reales en una divisa extranjera. En el caso de Arpad Käsler, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, TJUE, resolvió que este coste era ilegal, ya que no se efectuaban servicios reales de cambio de divisas. En consecuencia, esto podría ayudar a los titulares austriacos de préstamos en divisas, al igual que la parte de la sentencia que obliga a los bancos a informar a los clientes adecuadamente.

Si estas acciones tienen éxito, ello podría suponer un golpe considerable para los bancos. Después de todo, 150.000 hogares tienen préstamos en divisas por un importe total de 25.000 millones de euros, una suma en absoluto despreciable.

Dado el hecho de que muchos de estos préstamos y vehículos de amortización se vendieron por mediación de agentes, el cumplimiento de su responsabilidad de informar a los clientes tendrá que demostrarse en algún momento: es inconcebible que los intermediarios importantes entre los bancos y sus clientes no tengan ninguna responsabilidad por los productos que comercializan.

Como en otros países, los titulares austriacos de préstamos en divisas ya se han dirigido a los tribunales. Hasta ahora los casos son pocos, pero al menos en algunos de ellos la resolución ha sido positiva para los prestatarios.

La pregunta es si los políticos austríacos estarán firmemente del lado de los bancos o si van a acudir en ayuda de los consumidores titulares de préstamos en divisas. Lo cierto es que, realmente, hay buenas razones para que este asunto reciba la debida atención de la clase política, ya que, sin duda alguna, el problema sigue existiendo. También debe ser motivo de preocupación política el hecho que el ÖNB y la FMA optaran por tratar a los bancos con la máxima delicadeza, aunque sabían perfectamente que los productos que vendieron a sus clientes eran explosivos y tremendamente arriesgados, no sólo para sus titulares sino también para el conjunto del país.

* El presente artículo es el segundo de una serie dedicada a los préstamos multidivisa en Europa: los bancos europeos y la amenaza no revelada a titulares de préstamos en divisas desprovistos de cobertura.

El próximo artículo tratará sobre los bancos austriacos y los préstamos en divisas al exterior. La serie completa de artículos se publica en Icelog.